El insomnio crece entre los jóvenes y los especialistas apuntan al impacto de la hiperconectividad

El uso constante de pantallas, el estrés y la dificultad para desconectarse modifican los hábitos de descanso y explican el aumento de los trastornos del sueño. Los especialistas advierten que dormir mal afecta tanto la salud física como la mental.
Dormir bien se convirtió en un desafío cada vez más frecuente. Especialistas en medicina del sueño advierten que el insomnio aumentó de forma sostenida en los últimos años, especialmente entre los jóvenes, como consecuencia del estrés, la hiperconectividad y el uso permanente de dispositivos electrónicos.
Según explicó la doctora Carla Estivill, directora de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud del Vallès, el perfil de los pacientes cambió significativamente durante la última década. En ese período, las consultas por insomnio en personas jóvenes crecieron cerca de un 40%, una tendencia que los especialistas relacionan con los nuevos hábitos de vida.
El insomnio no suele aparecer de manera aislada. Detrás de las dificultades para dormir pueden encontrarse situaciones de estrés, ansiedad, problemas emocionales o rutinas que dificultan la desconexión del organismo al finalizar el día.
Uno de los factores que más preocupa es el uso de pantallas antes de acostarse. La luz emitida por teléfonos celulares, computadoras y televisores altera la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, y mantiene al cerebro en estado de alerta cuando debería prepararse para descansar.
Los especialistas señalan que la mayoría de las personas mantiene el teléfono celular junto a la cama y consulta mensajes o redes sociales hasta pocos minutos antes de dormir. Ese hábito reduce el tiempo efectivo de descanso y favorece despertares nocturnos, dificultades para conciliar el sueño y somnolencia durante el día siguiente.
Las consecuencias no se limitan al cansancio. Dormir mal de forma prolongada puede afectar el rendimiento laboral o académico, disminuir la capacidad de concentración y aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes y trastornos del estado de ánimo.
Los expertos recuerdan que un adulto necesita, en promedio, entre siete y ocho horas de sueño por noche para que el organismo pueda recuperarse correctamente. Además, recomiendan mantener horarios regulares, realizar actividad física, exponerse a la luz natural durante el día y evitar el uso de pantallas en los minutos previos al descanso.
Cuando las dificultades para dormir se presentan al menos tres veces por semana durante un período de tres meses, los especialistas consideran que se trata de un cuadro de insomnio crónico que requiere evaluación médica.
En paralelo, la investigación científica continúa avanzando en la búsqueda de nuevos tratamientos. Actualmente, distintos equipos trabajan en terapias más específicas que permitan actuar sobre los mecanismos cerebrales responsables de regular el sueño, con el objetivo de desarrollar medicamentos más eficaces y con menos efectos adversos.
Mientras tanto, los especialistas coinciden en que el desafío no pasa únicamente por tratar el insomnio, sino también por modificar hábitos cotidianos en una sociedad cada vez más conectada, donde la posibilidad de desconectarse parece convertirse en un bien escaso.