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Cinco desaparecidos y una misma casa: cómo la búsqueda de Jorge Anachuri llevó a la causa contra Matías Jurado

Jorge Omar Anachuri salió de su casa el 25 de julio de 2025 y no regresó. Para reconstruir sus últimos movimientos, los investigadores revisaron cámaras, teléfonos y el recorrido de un taxi. Cinco días después allanaron una vivienda de Alto Comedero: los hallazgos obligaron a revisar otras desapariciones que hasta entonces parecían no tener relación entre sí.

La última imagen conocida de Jorge Omar Anachuri antes de desaparecer no mostraba una escena que, por sí sola, permitiera imaginar lo que vendría después. El 25 de julio de 2025, una cámara de seguridad lo registró en el barrio Mariano Moreno, en San Salvador de Jujuy, mientras subía a un taxi acompañado por otro hombre. Ese hombre era Matías Emilio Jurado.

Anachuri tenía 68 años y su familia denunció su desaparición cuando no regresó. A partir de esa búsqueda, los investigadores comenzaron a reconstruir sus últimos movimientos mediante las cámaras del sistema de monitoreo, registros telefónicos y el vehículo en el que había sido visto por última vez. La pesquisa no saltó directamente desde aquel video hasta una casa de Alto Comedero: fueron varias pistas las que, juntas, terminaron señalando ese lugar.

De las cámaras al domicilio

Los investigadores identificaron el taxi y localizaron a su conductor. El chofer declaró que había trasladado a Anachuri y Jurado hasta el barrio 8 de Marzo, en Alto Comedero, y los registros de GPS del vehículo respaldaron el trayecto. Paralelamente, el análisis de teléfonos aportó otro dato: la señal de al menos uno de los hombres cuya desaparición se investigaba había impactado en las inmediaciones de la vivienda de Jurado.

Para entonces, el caso ya comenzaba a exceder la desaparición de Anachuri. El fiscal regional Guillermo Beller explicó después que habían detectado cinco denuncias que inicialmente parecían aisladas, pero que al revisar cámaras, teléfonos y movimientos comenzaron a encontrar elementos comunes. Dos desaparecidos habían sido registrados en imágenes junto a Jurado y el celular de otro se había ubicado cerca de su domicilio.

La señal telefónica fue especialmente relevante. Según explicó Beller durante los primeros días de la causa, ese dato permitió solicitar judicialmente el allanamiento de la vivienda. El taxi, su conductor y las cámaras ayudaban a reconstruir el último recorrido de Anachuri; los datos de telefonía reforzaban la sospecha de que aquella casa podía estar relacionada con más de una desaparición.

El procedimiento se realizó el 30 de julio de 2025. Jurado fue detenido ese mismo día. Recién entonces la investigación cambió de escala.

Lo que apareció durante el allanamiento

En el inmueble de Alto Comedero, los investigadores encontraron restos óseos y fragmentos de tejido humano, rastros de sangre, prendas parcialmente quemadas y diferentes herramientas. Parte de ese material fue enviado a peritajes para determinar su origen y establecer a quién pertenecía.

La presencia de restos humanos no permitía, por sí sola, afirmar cuántas personas habían pasado por allí ni identificar a ninguna. Para eso era necesario obtener perfiles genéticos de las muestras recuperadas y compararlos con familiares de personas desaparecidas. Ese trabajo demoraría semanas y se convertiría en una de las pruebas centrales de la causa.

En la vivienda también se encontraba el sobrino adolescente de Jurado. El joven fue apartado del lugar y posteriormente declaró mediante Cámara Gesell. Según lo informado en la investigación, contó que su tío llevaba personas a la casa y que en determinadas ocasiones le indicaba que se retirara porque allí ocurrían “cosas malas”. También describió conductas relacionadas con el tratamiento y descarte de restos.

Ese testimonio tuvo peso investigativo, pero no debe confundirse con un hecho judicialmente establecido. Se trata de la declaración de un testigo que forma parte de la prueba que deberá ser evaluada en el juicio, junto con los peritajes, los rastros biológicos y el resto de la evidencia.

Cinco denuncias que parecían separadas

A medida que avanzaban las pericias, los investigadores volvieron sobre otras denuncias de desaparición. Además de Anachuri, buscaban establecer qué había ocurrido con Sergio Alejandro Sosa, Miguel Ángel Quispe, Juan José Ponce y Juan Carlos González.

Ponce, de 51 años, estaba desaparecido desde abril. González, empleado municipal de 60 años, había sido visto por última vez en junio. Ese mismo mes había desaparecido Miguel Ángel Quispe, de 60. Sergio Sosa, de 25 años, era buscado desde comienzos de julio. Finalmente, el 25 de julio desapareció Anachuri.

La hipótesis de que los casos podían estar conectados no nació únicamente porque los cinco hombres hubieran desaparecido en pocos meses. Las cámaras habían registrado a Jurado junto a algunos de ellos, los teléfonos aportaban coincidencias geográficas y, después del allanamiento, había material biológico suficiente para comenzar los cotejos.

La primera confirmación genética profundizó esa conexión.

El ADN empezó a poner nombres

En agosto de 2025, los estudios determinaron que material recuperado de la vivienda correspondía a Jorge Omar Anachuri y Sergio Alejandro Sosa. Hasta entonces, Jurado había sido inicialmente imputado por el caso de Anachuri; el resultado genético permitió incorporar formalmente un segundo hecho a la investigación.

Semanas después aparecieron otras dos coincidencias. Los perfiles de ADN obtenidos a partir de las muestras levantadas en la propiedad resultaron compatibles con Miguel Ángel Quispe y Juan José Ponce. El Ministerio Público de la Acusación confirmó oficialmente en septiembre de 2025 que rastros biológicos de Ponce, Quispe, Sosa y Anachuri habían sido hallados en el domicilio allanado.

Quedaba Juan Carlos González. Su teléfono había tenido su última actividad registrada en inmediaciones del barrio 8 de Marzo, circunstancia que desde el comienzo lo había colocado dentro de la línea investigativa. A fines de septiembre, un nuevo cotejo genético dio positivo y lo convirtió en el quinto hombre vinculado mediante ADN con el domicilio.

Para entonces, la investigación que había comenzado siguiendo los últimos movimientos de Anachuri ya incluía cinco homicidios atribuidos por la Fiscalía a una misma persona.

La hipótesis de la Fiscalía

A partir de cámaras, testimonios, registros de telefonía y peritajes, los fiscales sostienen que existió un patrón. Según la acusación, Jurado contactaba a hombres en situaciones de vulnerabilidad y los convencía de acompañarlo hasta su domicilio mediante ofrecimientos de alcohol, comida o trabajos ocasionales.

La Fiscalía considera que los homicidios ocurrieron dentro de la vivienda y que posteriormente se intentó eliminar o dispersar los restos. Esa reconstrucción se apoya, entre otros elementos, en el material encontrado durante las inspecciones, en los rastros biológicos y en la declaración del sobrino de Jurado. Es, sin embargo, la teoría que la acusación deberá demostrar en el debate oral, no una descripción que pueda presentarse hoy como una verdad establecida por sentencia.

Tampoco pudo establecerse públicamente una causa médico-legal individual de muerte para cada uno de los cinco hombres a partir de cuerpos completos. Gran parte del trabajo forense debió realizarse sobre fragmentos, rastros y perfiles genéticos.

Ese límite es importante porque durante los primeros días del caso circularon versiones mucho más extremas sobre lo ocurrido dentro de la vivienda. Algunas fueron reproducidas por medios y redes sociales antes de que hubiera peritajes capaces de respaldarlas. No forman parte de los hechos que pueden darse hoy por comprobados.

Jurado negó las acusaciones

Matías Jurado negó su participación en los hechos cuando fue indagado. En septiembre de 2025, durante una audiencia en la que la Fiscalía le comunicó nuevas imputaciones y le exhibió parte de las pruebas reunidas, volvió a rechazar las acusaciones.

También fue sometido a evaluaciones psiquiátricas para determinar si se encontraba en condiciones de afrontar un proceso penal. Las pericias concluyeron que podía comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones, por lo que fue considerado imputable. Esa conclusión no determina su responsabilidad por los homicidios: establece únicamente que puede ser sometido a juicio.

Mientras tanto, los estudios genéticos continuaron porque en la vivienda habían aparecido perfiles que inicialmente no habían podido ser identificados. Eso alimentó durante meses la hipótesis de que podía haber más personas involucradas.

La búsqueda de otras posibles víctimas

Durante 2025 y comienzos de 2026, la Fiscalía cotejó las muestras pendientes con familiares de otras personas desaparecidas. El objetivo era determinar si los perfiles abiertos correspondían a nuevos casos.

Sin embargo, el resultado conocido al cerrar la Investigación Penal Preparatoria fue negativo. El 31 de julio de 2026, el Ministerio Público de la Acusación informó que los perfiles obtenidos habían sido comparados con muestras aportadas por familiares de otras ocho personas desaparecidas y no se encontraron nuevas correspondencias.

Por eso, aunque durante la investigación se mencionó públicamente la posibilidad de un número mayor de víctimas, la acusación que finalmente llegó a la etapa de juicio comprende cinco homicidios.

La diferencia es esencial: una hipótesis investigativa sobre posibles casos adicionales no equivale a una víctima identificada ni a un homicidio atribuido judicialmente.

Cinco homicidios y un juicio pendiente

El 31 de julio de 2026, exactamente un año después de iniciada la causa, la Fiscalía informó que había concluido la Investigación Penal Preparatoria y presentado la acusación correspondiente. Para entonces, Jurado permanecía detenido y acusado como presunto autor de cinco homicidios agravados en concurso real.

El 28 de agosto se realizó la audiencia de control de acusación. El Juzgado admitió el planteo fiscal y habilitó que el expediente avance a juicio oral por cinco hechos de homicidio agravado por alevosía y por placer, en concurso real. Al mismo tiempo, extendió la prisión preventiva de Jurado durante seis meses o hasta la finalización del debate.

Esa calificación tampoco significa que el agravante por placer ya haya quedado demostrado. Es la figura jurídica con la que la Fiscalía llevará el caso al debate y sobre la que deberá producir prueba frente al tribunal.

Al 16 de septiembre de 2026, las fuentes públicas consultadas no informan todavía el comienzo del juicio ni una sentencia. Jurado continúa detenido, la acusación ya fue admitida y el expediente quedó encaminado al debate oral.

La causa había empezado un año antes con una pregunta mucho más acotada: dónde estaba Jorge Anachuri. Para responderla, los investigadores siguieron una cámara, un taxi, registros telefónicos y un último recorrido. Ese rastro terminó en una vivienda de Alto Comedero. Los análisis realizados allí fueron los que conectaron aquella primera desaparición con otras cuatro.

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