Dos hermanas, un amor y un crimen: la historia de Johana Casas y la boda que dividió a una familia

Johana Casas fue asesinada de dos disparos en julio de 2010, en Pico Truncado. Dos hombres de su entorno terminaron condenados, en distintos juicios, por el mismo homicidio. En medio de esa investigación ocurrió algo que llevó el caso a los medios de todo el país: Edith, la hermana gemela de Johana, se enamoró y decidió casarse con uno de los condenados mientras todavía estaba preso por el crimen.
El 14 de febrero de 2013, Edith Casas llegó al Registro Civil de Pico Truncado para casarse con Víctor Cingolani. Él llegó bajo custodia porque estaba preso y cumplía una condena de 13 años por homicidio simple. La víctima por la que había sido condenado era Johana Casas, la hermana gemela de la mujer con la que estaba a punto de casarse.
La relación había comenzado mientras Cingolani atravesaba el proceso judicial por el asesinato. Edith estaba convencida de su inocencia, lo defendió públicamente y sostuvo su vínculo incluso después de que la Justicia lo declarara culpable. La decisión enfrentó a la familia Casas y convirtió la boda en una noticia nacional, pero detrás de aquella escena había una causa mucho más compleja: mientras Cingolani cumplía condena, otro hombre estaba siendo investigado por el mismo crimen.
Meses después del casamiento, la historia volvió a cambiar. Cingolani fue absuelto y recuperó la libertad, mientras quedó firme la condena contra el otro acusado. Para entender cómo la hermana gemela de una víctima terminó casada con un hombre condenado por ese homicidio —y por qué después la Justicia lo declaró inocente— hay que volver a la madrugada del 16 de julio de 2010.
Johana, antes del crimen
Johana Casas tenía 19 años y estaba a pocos días de cumplir 20. Quería desarrollarse como modelo y había participado en certámenes de belleza de Pico Truncado. Con el paso del tiempo, su nombre quedaría inevitablemente asociado a la historia de su hermana y al casamiento que ocupó titulares en todo el país, aunque el expediente había comenzado tres años antes con una pregunta mucho más concreta: quién la había matado.
La madrugada del 16 de julio de 2010, Johana estuvo en una reunión junto a Marcos “El Tosco” Díaz, su pareja de ese momento. Testigos que posteriormente declararon en la causa señalaron que ambos abandonaron el encuentro cerca de las tres de la mañana junto a un matrimonio amigo y que durante el trayecto se produjo una discusión entre ellos. Díaz sería una de las últimas personas que estuvieron con Johana antes de su muerte.
Horas más tarde, un hombre que recorría con perros una zona de descampados encontró su cuerpo en el cordón forestal de Pico Truncado, cerca de un santuario de la Difunta Correa. Johana había recibido dos disparos. La investigación comenzó entonces a reconstruir sus últimas horas y puso la mirada sobre dos hombres que habían formado parte de su vida sentimental: Díaz, su novio al momento del crimen, y Víctor Cingolani, una pareja anterior.
El primer acusado y una condena de 13 años
Marcos Díaz había sido uno de los últimos en ver con vida a Johana. Según la versión que dio durante la investigación, la había dejado y luego había continuado solo. Fue detenido inicialmente, aunque recuperó la libertad porque en aquella etapa de la causa los investigadores consideraron que no existían elementos suficientes para mantenerlo preso.
La investigación contra Cingolani avanzó por otro camino. Entre los elementos considerados en su contra estuvo una prueba de parafina que había detectado nitratos en sus manos y una pericia con perros utilizada para sostener que había estado en el sector donde apareció el cuerpo. Sobre esos indicios se construyó la primera acusación que llegó a juicio.
En junio de 2012, Cingolani fue condenado a 13 años de prisión por homicidio simple. Para la Justicia, el crimen de Johana tenía entonces un responsable. Sin embargo, la condena no cerró la discusión dentro de la propia familia de la víctima, porque Edith Casas, la hermana gemela de Johana, estaba convencida de que habían condenado al hombre equivocado.
Edith se enamoró del hombre condenado por matar a su hermana
Durante el proceso judicial, Edith se acercó a Cingolani y comenzó a defender públicamente su inocencia. Con el tiempo, aquel vínculo se convirtió en una relación sentimental. La situación abrió una profunda fractura familiar: mientras una parte de los Casas reclamaba justicia por Johana, su hermana gemela mantenía una relación con el hombre al que un tribunal acababa de responsabilizar por su muerte.
Edith sostuvo que conocía tanto a su hermana como a Cingolani y que estaba convencida de que él no había cometido el asesinato. La condena a 13 años no modificó esa posición y la pareja decidió casarse mientras él continuaba detenido. La boda, prevista inicialmente para diciembre de 2012, se demoró a partir de una presentación judicial impulsada por familiares de Edith.
Finalmente, el matrimonio se celebró el 14 de febrero de 2013, Día de los Enamorados. Cingolani fue trasladado bajo custodia hasta el Registro Civil de Pico Truncado y Edith se casó con él mientras seguía cumpliendo la condena por el homicidio de su hermana. Las imágenes recorrieron los medios nacionales y transformaron el expediente en una historia conocida en todo el país como el caso de “las gemelas de Pico Truncado”.
La atención pública quedó concentrada en aquella relación difícil de comprender desde afuera, pero al mismo tiempo otra investigación avanzaba sobre Marcos Díaz. Las pruebas reunidas contra el novio de Johana comenzarían a poner en cuestión una certeza mucho más importante que la boda: si Cingolani era realmente el hombre que la había matado.
Una colilla volvió a poner la mirada sobre Díaz
Entre los elementos recogidos en el lugar donde había sido encontrada Johana había varias colillas de cigarrillos. Una pericia genética detectó ADN correspondiente a Marcos Díaz en una de ellas. El hallazgo resultaba relevante porque debía ser contrastado con la explicación que el hombre había dado sobre sus movimientos después de separarse de Johana aquella madrugada.
A esa evidencia se sumó un CD de música encontrado junto al cuerpo. Durante el juicio, testigos declararon que habían visto anteriormente ese objeto dentro del vehículo de Díaz. También se incorporaron las declaraciones de quienes habían compartido parte de las últimas horas de la pareja y habían presenciado una discusión antes de que Johana quedara a solas con su novio.
Para la acusación, esos elementos permitían reconstruir una secuencia diferente de la relatada por Díaz. El fiscal Carlos Rearte sostuvo que había tenido la oportunidad material de trasladar a Johana hasta el descampado donde posteriormente apareció muerta. Cuando la Justicia ordenó nuevamente su detención, Díaz no fue encontrado y permaneció prófugo durante varios meses, hasta que finalmente quedó a disposición judicial y llegó a juicio.
El nuevo proceso generaba una contradicción cada vez más evidente. Cingolani llevaba meses preso y había sido condenado por matar a Johana, pero ahora la fiscalía sostenía en otro juicio que las pruebas permitían responsabilizar a Díaz por ese mismo homicidio.
Dos hombres condenados por la misma muerte
El 2 de julio de 2013, menos de cinco meses después del casamiento de Edith y Cingolani, la Cámara Criminal de Caleta Olivia condenó a Marcos Díaz a 12 años de prisión por homicidio simple. La decisión produjo una situación judicial extraordinaria: dos hombres habían recibido, en procesos diferentes, condenas por el asesinato de una única persona.
Cingolani cumplía una pena de 13 años y Díaz acababa de recibir una de 12. Las reconstrucciones de ambos procesos no podían convivir sin generar interrogantes sobre la primera sentencia y la defensa de Cingolani volvió a cuestionar las pruebas utilizadas para condenarlo.
Uno de los principales puntos de discusión era el examen de parafina que había detectado nitratos en sus manos. Su defensa cuestionaba que ese resultado permitiera establecer de manera confiable que Cingolani había disparado un arma y sostenía que tampoco existía evidencia suficiente para ubicarlo en el escenario donde murió Johana. El segundo juicio y la condena de Díaz reforzaron la necesidad de revisar su situación.
El hombre con quien Edith se casó fue absuelto
En diciembre de 2013, el Tribunal Superior de Justicia de Santa Cruz revisó la condena contra Víctor Cingolani y resolvió absolverlo. El máximo tribunal provincial cuestionó el valor atribuido a las pruebas que habían sostenido la primera sentencia y ordenó su libertad después de más de tres años detenido.
La resolución modificó por completo el significado de aquella boda que había ocupado titulares meses antes. Edith se había casado con Cingolani cuando, jurídicamente, era un hombre condenado por asesinar a su hermana gemela. Sin embargo, la condena fue posteriormente revocada y la Justicia terminó absolviéndolo.
En paralelo, el Tribunal Superior rechazó el recurso presentado por la defensa de Marcos Díaz y dejó en pie su condena a 12 años de prisión por homicidio simple. La contradicción de los dos condenados quedó así resuelta: Cingolani dejó de ser considerado responsable del homicidio y Díaz quedó como el condenado por la muerte de Johana.
La historia de las gemelas Casas quedó instalada en la memoria pública por una imagen difícil de olvidar: Edith entrando a un Registro Civil para casarse con el hombre que en ese momento cumplía condena por matar a su propia hermana. Sin embargo, el desenlace judicial terminó siendo todavía más complejo que aquella escena. El hombre con quien se casó fue absuelto y la condena por el asesinato quedó en manos de otro hombre, el novio que había acompañado a Johana durante sus últimas horas.
Detrás del romance, la boda y el enfrentamiento familiar quedó la historia que había dado origen a todo: la muerte de Johana Casas. Una joven de Pico Truncado que fue encontrada asesinada en julio de 2010 y cuya causa necesitó dos juicios, dos condenas y la revisión de una sentencia para llegar a su resolución judicial